
LLueve a mares pero tengo el corazón caliente. He descubierto una tableta de chocolate a la taza de la Viuda de Casimiro Díez. Las onzas son enormes. La textura arenosa.
Cuando era pequeña y tenía hambre no podía esperar a que mi yaya preparase el chocolate caliente y lo comía directamente sacado del envoltorio y sin pan. Me costaba hincarle el diente. Ante mi impaciencia me preguntaba porqué en Sabero no tenían tabletas de chocolate de verdad.
Más de 20 años después ha ocurrido todo lo contrario.
Buscando con deseo un trocito de Chocolate Valor de almendras -mi marca top en chocolates- me he topado con el envoltorio amarillo de la Viuda de Casimiro.
Y me subieron las pulsaciones. Tengo la sonrisa más enorme. Ya no me cuesta partirlo con las manos. Y adoro su textura aunque me cueste tragarlo y se pegue al paladar.
Cuando era pequeña y tenía hambre no podía esperar a que mi yaya preparase el chocolate caliente y lo comía directamente sacado del envoltorio y sin pan. Me costaba hincarle el diente. Ante mi impaciencia me preguntaba porqué en Sabero no tenían tabletas de chocolate de verdad.
Más de 20 años después ha ocurrido todo lo contrario.Buscando con deseo un trocito de Chocolate Valor de almendras -mi marca top en chocolates- me he topado con el envoltorio amarillo de la Viuda de Casimiro.
Y me subieron las pulsaciones. Tengo la sonrisa más enorme. Ya no me cuesta partirlo con las manos. Y adoro su textura aunque me cueste tragarlo y se pegue al paladar.
El hallazgo me ha hecho reconsiderar mis meriendas made in Leon en la ribera del Esla, aquellas que viví con mi abuela Aurelia Echevarría. No me gustaban las onzas de la Viuda de Casimiro y consideraba un fiasco los bocadillos de Nocilla que improvisaba con mantequilla y Nesquik (¡ni siquiera era ColaCao! y yo, como todo niño, era muy fiel a las marcas).
Pero las mejores tazas de chocolate espeso las preparaba ella con una cuchara de madera especial que tengo la suerte de conservar, con la misma devoción, que los alemanes guardan el cuchillo para cortar el pan de sus antepasados.
Cuando derrites las onzas de la Viuda de Casimiro con cariño, y lo acompañas con frisuelos hechos en una cocina de carbón, la mesa donde se sirven, se convierte en el cielo prometido.
*A Aurelia... que descanse en paz, y beba muchos chocolates calientes en el cielo.


