viernes 31 de octubre de 2008

Viuda de Casimiro Díez



LLueve a mares pero tengo el corazón caliente. He descubierto una tableta de chocolate a la taza de la Viuda de Casimiro Díez. Las onzas son enormes. La textura arenosa.

Cuando era pequeña y tenía hambre no podía esperar a que mi yaya preparase el chocolate caliente y lo comía directamente sacado del envoltorio y sin pan. Me costaba hincarle el diente. Ante mi impaciencia me preguntaba porqué en Sabero no tenían tabletas de chocolate de verdad.

Más de 20 años después ha ocurrido todo lo contrario.

Buscando con deseo un trocito de Chocolate Valor de almendras -mi marca top en chocolates- me he topado con el envoltorio amarillo de la Viuda de Casimiro.

Y me subieron las pulsaciones. Tengo la sonrisa más enorme. Ya no me cuesta partirlo con las manos. Y adoro su textura aunque me cueste tragarlo y se pegue al paladar.

El hallazgo me ha hecho reconsiderar mis meriendas made in Leon en la ribera del Esla, aquellas que viví con mi abuela Aurelia Echevarría. No me gustaban las onzas de la Viuda de Casimiro y consideraba un fiasco los bocadillos de Nocilla que improvisaba con mantequilla y Nesquik (¡ni siquiera era ColaCao! y yo, como todo niño, era muy fiel a las marcas).

Pero las mejores tazas de chocolate espeso las preparaba ella con una cuchara de madera especial que tengo la suerte de conservar, con la misma devoción, que los alemanes guardan el cuchillo para cortar el pan de sus antepasados.

Cuando derrites las onzas de la Viuda de Casimiro con cariño, y lo acompañas con frisuelos hechos en una cocina de carbón, la mesa donde se sirven, se convierte en el cielo prometido.


*A Aurelia... que descanse en paz, y beba muchos chocolates calientes en el cielo.

lunes 27 de octubre de 2008

Donde comen dos...: Exposición de motivos

Raquel y Massi comiendo al sol en La Quinta de El Pardo. / flickr photos from barvaron
Quién nos lo iba a decir: nos conocimos compartiendo sandwiches más o menos insuficientes en el 'recreo de la comida' de aquel Master, y ahora emprendemos esta iniciativa tripera, seguramente inspirada por el magisterio de gastrónomos de fuste de la casa como el desaparecido Xavier Domingo o el multiforme Fernando Point.

Después de aquellos paupérrimos almuerzos nuestra amistad ha discurrido en buena medida por los cauces del buen beber y el buen comer. El apetito y los antecedentes de cada uno así lo exigían. Raquel es un brote vivaz de ese 'lobby' leonés tan poderosamente arraigado en Madrid; de su estirpe le viene el gusto por la comida, aunque sea precisamente en el estómago donde se le suelan agarrar las preocupaciones... Massimiliano es italiano y meridional -pese a que la geografía desafíe esa catalogación: los Abruzos, de donde él viene y cuyos quesos de pastor tanto gustaron a Pla, están estrictamente alineados con Roma-; y esas dos condiciones son suficientes. En cuanto a mí... Algo hay también de asturleonés, y como de lo que se come se cría, supongo que el buen comer sencillito, que en mi caótica casa es de lo poco que siempre se ha respetado, tendrá que ver con esta concupiscencia que en ocasiones me domina.


Pero que el sibaristismo no nos eleve sobre el resto de mortales; eso acaba en un aristocratismo bastante patético. No. A casi todo el mundo le gusta comer bien. De ahí que esta pequeña posta en el hiperespacio nazca, como dirían en misiones -aprovechando que estamos en mes de Domund-, con vocación de servicio. Para paliar, en la medida de nuestras humildes posibilidades, el desamparo de los que parando en tierra desconocida prefieren el bocata a caer en la trampa del menú turístico; para difundir la existencia de los comedores que en nuestro muy corto bagaje hemos descubierto; y si es necesario también para alertar de los sitios indeseables con que nos hemos topado.



Tras mucho insistir, Raquel ha logrado que esta idea de corcho a tres bandas haya fructificado; a ver en qué queda. Esperemos no ser víctimas de la abulia generacional... Al menos el italiano es un tipo constante. Nos encomendamos al espíritu del gran Julio Camba: voluntad, rigor y sentido del humor. Sueño con el día que hagamos un post conjunto del Hispania, mi ciudad esmeralda gastronómica desde que Pumares lo glosara en su enloquecido 'Polvo de estrellas' y objeto de un libro importante de Arcadi Espada. ¡Que así sea, chavales!



(Foto vía Flickr: barvaron)