lunes, 19 de enero de 2009

La 'Ley del Contrappasso'

Rachel dice que no está nada claro que es la ley del contrappasso, ni cosa me molesta del uso de 'dantesco' en español (véase Natale en casa de Massi). A ver si puedo ser más claro sin pasar por un cultureta...

La ley del contrappasso es la norma que utiliza Dante en la 'Divina Commedia' para castigar a los pecadores (al menos en algunos casos...). En realidad el vate no inventa nada, ya que algunos autores romanos utilizaron esta 'ley' mucho antes que él.

Vamos a explicarlo en la manera más sencilla posible: según el contrappasso, la pena es contraria o símil al pecado que se castiga. Por ejemplo, mí caso en Navidad: mí pecado era 'la gula', la pena fue estar sentado en una mesa y ver pasar platos de rica comida sin poder probar bocado. Este es el caso 'pena contraria al pecado'. El otro caso, es decir, cuando la pena es símil al pecado, se resume sin problemas en la famosa expresión: ¿no querías caldo? po' toma dos tazas...Si el pecado es comer por gula, la pena será comer hasta reventar...No fue mi caso (sigh!).

Espero haber aclarado lo del contrappasso. Por cierto, no se confunda la ley del contrappasso con la "ley del talión" o con el "ojo por ojo, diente por diente", que son otras cosas...

Vamos a 'dantesco'. Mí problema no es con el significado de algo relativo a Dante o a su obra. El problema es el otro significado. Cuando se usa 'dantesco' para indicar algo que da miedo o asco, algo espantoso o desagradable...

Sé perfectamente que no soy nadie para decir si una palabra se puede o no se puede utilizar. O mejor, si se puede o no aceptar un particular significado para una palabra. Pero no entiendo la conexión Dante-espanto o Dante-asco. ¿Es por el Infierno de la 'Divina Commedia'? ¿Dantesco asume este significado por una parte de una obra? Pero en la Commedia hay escenas muy distintas de las del Infierno (en el Paraíso hay algunas muy bonitas y muy 'altas'...). Además, la 'Divina Comedia' es sólo una de las obras de Dante, quizás sea la obra de Dante, pero el pobre ha perdido mucho tiempo en escribir más cosas y no se merece esta limitación, creo.

Espero haber aclarado las dudas a Rachel y a los demás lectores. ¡Ahora puedo volver a hablar de comida!

Un libro: La Divina Commedia, Dante Alighieri.

jueves, 15 de enero de 2009

El irresistible encanto de lo auténtico...

Para que esto no se convierta definitivamente en el rincón de las promesas incumplidas, aquí va el capítulo de la trattoria (Hostaria!) de 'I nuovi mostri' (en España, inspirándose en Manolo Escobar, se tituló 'Que viva Italia'):



Dejaremos a Massi el comentario de los giros dialectales...

lunes, 5 de enero de 2009

Natale en casa de Massi

Desgraciadamente no pude disfrutar demasiado de las comidas navideñas: mi estomago ya no es lo que era. Por culpa de la extraña enfermedad que me golpeó sin piedad, viví momentos dantescos sentado con mis familiares o mis más caros amigos a la mesa. Digo "dantescos” por lo de la ley del contrappasso (veía pasar delante de mi platos increíbles y no podía comerlos...sigh!), no "dantesco" como se usa en España; ya tuve la ocasión de decir que me parece un uso improprio: ¿habeís leído la Divina Comedia o no? ok, ok, dejo de lado mi pedantería...No pude disfrutar de todas las comidas y cenas, pero logré el mínimo sindical...yuuuuuh!

En mi casa las cenas de Nochebuena son más bien sencillas, sobre todo si las comparamos con las prescripciones de la tradición. Según la vieja nostálgica, hay que cocinar y comer siete platos. Algunos, los más atrevidos, dicen 13. Creo que se trata de una tradición del sur de Italia, me parece raro que sea sólo abruzzese; de todo modo, lo del 13 me parece extraño... no es un número afortunado en la católica Italia (por cierto, es mi número de la suerte, incluso si ella, la suerte, no lo sabe...). Nunca hay que ser 13 en una mesa, ya que en la Última Cena eran 13 y sabemos como acabó aquello...Entonces, es extraño que se acepten 13 platos. Por otro lado, es Navidad, así que podemos pensar que la Tradición quiere enseñarnos algo, aceptando el 13 en la mesa: ¿en Navidad incluso los traidores son buenos? No se, puede...las tradiciones del sur siempre tienen su lógica.

Volvemos a la casa de las gardenias. Decía, cena sencilla: entrante de frutti di mare, spaghetti con il pesce y brodetto alla vastese. El brodetto, además de servir para condimentar los spaghetti, es el plato estrella de la noche. Bueno, más de la noche, es el plato estrella y punto. Se trata de una sopa de pescado tradicional de Vasto. Ahora, es el plato más famoso y más apreciado de la zona, pero en realidad es un plato popular (de popular a típico hay sólo un poco de marketing...). De hecho, en el brodetto no hay pescados caros, sino una mezcla de pescado de lo más común, como merluzas, gambas y calamares: los peces que los pescadores se llevaban a casa después de un duro día de trabajo.

Luego, cada uno tiene su filosofía para la cocción de la sopa. Hay verdaderos ritos para la buena preparación del brodetto. Lo esencial, para no ser pesado, es un buen pescado y una cazuela de barro. Como siempre, aconsejo no pasarse con la mezcla de peces: no es una menestra de pescado! Así, disfruté del Brodetto alla Vastese un año más y pienso repetirlo por mucho tiempo...


Un libro: Llamadas telefónicas, R. Bolaño.

miércoles, 31 de diciembre de 2008

Sopa nostálgica


Hablaba el otro día de nostalgia; incidiendo, aun subrepticiamente, en su condición de flaqueza. Pero qué coño, es tiempo para regodearse en ella sin que nadie pueda reprochárnoslo. Es Navidad. Todo lo navideño contribuye a crear un estado de ánimo nostálgico. Pensad sin ir más lejos en los acordes de villancicos como 'Blanca Navidad' (aqui sencillito, junto al fuego; aquí barroco): ¡es un vasodilatador de la emoción!

Yo estoy muy nostálgico, y ha contribuido a ello muy especialmente saber hace un par de semanas que la oferta que iba a ligarme indefinidamente a la empresa en la que trabajo desde hace unos años sencillamente se ha volado de la mesa con las brisas de la pre-depresión. Esto me pasa por haber sentimentalizado tontamente mi pertenencia a la casa...

Me estoy enrollando de mala manera para acabar hablando de comida. Hoy he vuelto al Sopa y me ha arrebatado un poco la nostalgia. Antes del cambio de sede (hace ya un año) este local (tienda, taller de orfebrería y comedor vegetariano en uno) estaba al lado del curro y era comodín recurrente para comer a deshoras. En estos últimos meses he parado por allí muy excepcionalmente, pero todavía me saludan afectuosamente. Eso, los buenos recuerdos, y el hecho de que todo haya ido a peor desde que nos mudamos hacen del Sopa una grata falacia de tiempos felices que no lo fueron tanto.

Pero eso es sólo el complemento. El Sopa me gustaba y me gusta porque es el sitio perfecto para comer el día laborable que no toca homenaje. Siempre y cuando no esté petado de modernos y neoyorquinos frustrados, que acuden como moscas a la llamada de su decoración minimal, la susurrante música New Age y el pedigrí macrobiótico del sitio.

En atención a su nombre, sopas y purés son su especialidad (recuerdo el de borsch como uno de mis favoritos; el de verduras está tan bueno como el de mi casa), pero hacen unos potajes de miedo. Hoy mismo me comí uno de garbanzos que me supo a gloria. Cuenco con cuenco, arroz integral para acompañar, sueltecito y con sésamo y pipas de calabaza (os recuerdo, como hace mi madre cada vez que tiene ocasión, que son muy buenas para la próstata) por encima; con un chorrito de salsa de soja está muy rico.

En los segundos platos María, la artífice de la mayoría de las cosas calientes que se comen en el local, tiene el banco de pruebas. Aparte de los siempre muy ricos bocadillos y los falafel, hace experimentos varios con berenjenas, calabacines, pimientos y todos los procesados de la soja que podáis imaginar. Los postres vienen todos de fuera; de los helados, en tiempos nos gustaba mucho el de yogur. La tarta de zanahoria tiene mucho éxito, pese al glaseado tóxico que, desafiando la filosofía del Sopa, la recubre. Tienen pastelitos árabes, y unas galletas de avena de a 30 céntimos la unidad que siempre han servido para redondear el importe del vale de comida y que a media tarde sientan muy bien.

Digamos que el Sopa ofrece una fast food perfecta para los slow eaters como Massi. Aunque comas en 20 minutos, el rato se dilata gracias a la relajada atmósfera del sitio. Está en el número 23 de la calle Nieremberg.