Lo he dicho, lo digo y lo diré: a mi juicio se trata de uno de los mejores sitios para comer del Oriente de Asturias. Y no es ditirambo, de veras. Porque el placer que proporcionan sus fabes con andaricas, su rape a la plancha y su pudin de castañas rivaliza con las más exquisitas sensaciones de un templo de la gastronomía al uso por su inmejorable relación calidad/precio.
Restaurante Caravia, a secas. Como el concejo donde se encuentra. En los bajos de un hotel de carretera. Digamos, pues, que de primeras no es el típico sitio que te entra por los ojos -en tierra donde además cada vez se curran más lo de la escenografía-, aunque una vez cruzamos la puerta el comedor resulta perfectamente agradable. Siéntense, cojan la carta, y cuando vean fabes -con andaricas, es decir, nécoras; o con bogavante; o con jabalí cuando es temporada, porque los de la casa son cazadores habituales en el inmediato Sueve- pídanlas. Con una ración tendrán para dos o incluso para tres. En la imagen superior pueden ver lo que les aguarda, con mi señora madre peleándose con su nécora.
Verán pixín (rape en cristiano) a la plancha. Lo piden. Porque yo no lo he probado igual en ningún lado. Y porque si de apetito andan moderados y antes han dado cuenta de las correspondientes fabes, también comerán dos.
Y verán pudin de castañas, y también tendrán que pedirlo porque será de las cosas más ricas y delicadas que en materia de postres hayan tomado nunca. Leve decepción el otro día, al que corresponde la foto (en la que equivocadamente puede pasar por un flan casero sin mayor trascendencia): han sustituido el helado que lo complementaba por unos moñitos de nata que desmerecen por completo. Se lo advertimos a la camarera y esperemos que tomen nota. Ofrecemos una alternativa: el biscuit de higos también está tremendo.
No hablaré aquí del muy digno menú de batalla de entre 10 y 12 euros que ofrecen todos los días de la semana. Cuando vas a Llanes y apenas hay un par de sitios donde comer porque el resto han adoptado un paradigma levantino de mezquindad y trapisonda impropio de una tierra de muy buen comer; cuando los buenos sitios se suben desmesuradamente a la parra con los precios (véase el cercano Foyu, en Colunga, o La Parrera, en Niembro), Caravia se mantiene y nos mantiene embelesados año tras año.

Lo primero que hay que aclarar sobre la ventricina es que no es un embutido de segunda categoría: se produce con las partes mejores del cerdo. La composición es de 70% de carnes magras (al menos un 80% de jamón y lomo) y 30% de panceta y jamón graso (
El almuerzo comenzó después, a las 16:00, cuando finalizó la ceremonia. Todos nos hallábamos descalzos y con un sitio reservado para sentarnos en el suelo. Con 5 € nos recibieron en el