miércoles, 9 de diciembre de 2009

Andrea



Andrea tiene la capacidad de convertir una taza de té en un acontecimiento. Sentadas en la barra del Cafeína su sonrisa era más enorme que las ventanas. Esas ventanas enormes de la calle Pez aportan luminosidad y amplitud a un callejón triste. Convierten el callejón en un bulevar parisino. Pues su sonrisa saboreando una taza de té eclipsa los ventanales. Quién quiere mirarlos teniendo su sonrisa.

Esa misma sonrisa con la que preparó por primera vez un Strudel de manzana. Divertida, con paciencia, y cariño. Con la misma satisfacción con la que caza un canapé de salmón en una fiesta, devora su primer Panetone o se empeña en seguir el rastro de un asador de pollos donde hay un cine ...

Cuando tienes la oportunidad de estar a su lado, cada bocado, por pequeño que sea, parece un festín. Cuando bebe vino, estira su cuello de cisne. Todo lo cotidiano adquiere otra dimensión. Desayunar con ella es así. Es un regalo. Se despierta con energía dispuesta a conquistar tu corazón con un batido. La gusta experimentar. Mezcla fresas con yogur de plátano o de limón. Ni siquiera hace ascos a un fideuá de Paellador a deshoras en Salamanca. No necesita exquisiteces porque convierte el momento que comparte contigo en exquisito.
La cadencia de su voz. La calidez con que escoge las palabras y el tono de la conversación, la convierten en la mejor compañía. Para comer bien no sólo hace falta un buen restaurante. Las personas adecuadas adornan los platos. Es más. Alimentan.

3 commenti:

Massi dijo...

"Divertida, con paciencia, y cariño"...qué más se puede decir?

Crisac dijo...

Bonito arrebato, Reich...

Rachel dijo...

Andrea se casa ;-)